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martes, 22 de mayo de 2012

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La Fundación Rafael del Pino presenta su libro   
Emprendedores y espíritu empresarial en España
redacción prnoticias 20/12/04 12:35
La Fundación Rafael del Pino ha presentado el libro Emprendedores y espíritu empresarial en España, escrito por los profesores de la Universidad de Alcalá Antonio García Tabuenca, Justo de Jorge Moreno y Federico Pablo Martí, y que es el resultado de un convenio de colaboración entre la Fundación Rafael del Pino y la Universidad de Alcalá.

La Fundación Rafael del Pino ha presentado el libro Emprendedores y espíritu empresarial en España, escrito por los profesores de la Universidad de Alcalá Antonio García Tabuenca, Justo de Jorge Moreno y Federico Pablo Martí, y que es el resultado de un convenio de colaboración entre la Fundación Rafael del Pino y la Universidad de Alcalá.

 

Como explica en el prólogo Rafael del Pino y Moreno, presidente de la Fundación, esta obra, que abre la colección Economía y Empresa, responde a los objetivos fundacionales de la institución: “Como parte de nuestro programa de actividades, pretendemos articular en una colección los resultados de los trabajos de investigación que la Fundación ha apoyado. De esta forma, las reflexiones de los investigadores saldrán del anonimato, convirtiéndose en objeto de conocimiento y al mismo tiempo serán sometidas al veredicto de sus destinatarios, cuyas opiniones ofrecerán una información valiosa para el diseño de actividades futuras. En este sentido, este libro, sin duda, contribuirá a conocer mejor una realidad tan importante como la conducta empresarial en unos momentos en los que la competencia nacional e internacional ha alcanzado una dimensión que convierte en imprescindibles las respuestas acertadas a los nuevos retos planteados”.

 

En Emprendedores y espíritu empresarial en España se analiza, desde una visión neoschumpeteriana, el perfil del empresario español actual, y se aborda la movilidad empresarial en nuestro país y los factores determinantes que explican el éxito o el fracaso de la actividad emprendedora, entre otras cuestiones. Para ello, el trabajo se ha asentado en tres pilares fundamentales: la revisión de la literatura económica existente, la realización de una encuesta a 500 empresarios y el estudio de diferentes muestras de una extensa base de datos de empresas españolas.

 

Medio millón más de emprendedores

Entre las conclusiones más interesantes, los autores destacan la recuperación de la actividad empresarial en nuestro país: “La creación empresarial se va revelando como sensible a la situación social, política y económica, y fluctúa, como ésta, por el gran número de variables relacionadas con el entorno que determina su situación anual. España logra, en 2003, una recuperación del índice total de actividad emprendedora (índice que identifica a los individuos que se encuentran en la fase de start-up de un negocio o dirigen uno nuevo) del 47,5 %. Esta cifra proporciona una estimación de 1.700.000 emprendedores en 2003, medio millón más que el año anterior”.

 

Según señala Justo de Jorge Moreno, profesor de Organización de Empresas en la Universidad de Alcalá, “la actividad emprendedora española se encuentra en la media de los países del Proyecto GEM (Global Entrepreneurship Monitoring), que agrupa a más de 30, en distintas fases de desarrollo económico (por ejemplo EE.UU, Uganda o Brasil). En todo caso, España no ha tenido una gran historia emprendedora; sólo a partir de finales de los 80 comienza a emerger. Y todavía queda un largo recorrido frente a los más emprendedores de la UE, como son los países nórdicos o Bélgica”.

 

Por lo que respecta a la creación de empleo, los autores consideran que “en España la contribución de las nuevas empresas al empleo total es del 3,8%, un porcentaje similar al resto de los países del entorno europeo”. No obstante, precisa Antonio García Tabuenca, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Alcalá, “las nuevas empresas españolas presentan un problema de crecimiento y, entre los factores que lo provocan destacan el sistema educativo, que no promueve los valores creativos y de autosuficiencia, y el entorno cultural, que no apoya al empresario. Es por estas dos razones, en parte, por lo que a pesar de tener una actividad emprendedora media, nuestras nuevas empresas no crecen y crean empleo al nivel que sería deseable. No basta con poner la semilla: hay que facilitar el crecimiento y consolidación de las nuevas iniciativas”.

 

Crecimiento por sectores

Los investigadores analizan también la tipología de la empresa española. “Es similar a la de las pymes de los países sureños de la UE. Posee un reducido tamaño, tanto en indicadores financieros como sociales, aunque difiere en función del sector de actividad. Una tipología media sería ésta: entre 25 y 37 empleados, con unas ventas entre 8.050.000 y 11.000.000 €/año, y una duración de entre 4 y 90 años”, explica Tabuenca.

 

Federico Pablo Martí, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Alcalá, advierte, además, que existen diferencias importantes en la evolución del tamaño de las empresas nuevas en relación a las establecidas, atendiendo al sector de actividad y al año de creación: “Por ejemplo, en el sector servicios en 1994 las empresas nuevas eran el 13,7% de las establecidas, en términos medios. En 1995, eran el 16,5% y en 1999 se situaban alrededor del 15.5%. Observando el crecimiento desde 1994 a 1999 se aprecia que en este último año alcanza un 35.7%”.

 

En Emprendedores y espíritu empresarial en España se abordan, además, los factores en los que se asienta el éxito o el fracaso empresarial. “Hemos encontrado once razones con poder explicativo del éxito, pero cabría resaltar tres: la necesidad de logro entendida como el reto que supone el proyecto empresarial y su compensación económica o autorrealización personal y laboral, el esfuerzo personal en la búsqueda de un producto o servicio adaptado a su mercado, y el origen familiar del emprendedor. Respecto a las causas del fracaso, destacan la inexperiencia, el desconocimiento del sector, conflictos entre socios, la inadecuada organización y planificación, el impago a los clientes y los problemas de financiación”, explica Federico Pablo Martí.

 

Escasos recursos en I+D

En cuanto al perfil del empresario español, éste se define por los siguientes rasgos: hombre entre 40 y 50 años; perteneciente a una familia con tradición empresarial; cuyas motivaciones para ser empresario son la satisfacción del trabajo realizado, la renta obtenida y la calidad de vida; que controla directamente las decisiones estratégicas de la empresa; que él mismo o su familia aportan el capital propio de la empresa –los préstamos o créditos bancarios apenas alcanzan el 14%–; que dirige una plantilla donde la mayor parte del personal es asalariado fijo a tiempo completo y que dedica pocos recursos a las actividades de investigación y desarrollo (solamente un 11% de los empresarios realizaron o contrataron actividades de este tipo).

 

En este estudio se analizan también los efectos de la globalización en la actividad empresarial. En este sentido, los autores creen que “la apertura de los mercados como consecuencia de la globalización ha supuesto nuevas formas de competir, con mayores niveles de competencia, mayores habilidades y destrezas y mayor asunción de riesgos. Las decisiones de carácter estratégico son cada vez más complejas como consecuencia de la salida a los mercados internacionales, y esto se está viendo reflejado no sólo en la creación de empresas multinacionales españolas, sino también en la creciente salida de las pymes a mercados extranjeros, a la búsqueda de mayores oportunidades”.

 

Finalmente, se perfila cuál debe ser la intervención de las Administraciones para dinamizar la actividad empresarial: “El papel básico de las Administraciones es mantener y mejorar un marco macroeconómico estable (con reformas permanentes de las áreas de menor flexibilidad de la economía), así como desarrollar y profundizar en un marco microeconómico dinámico que afecte a todas las ramas de actividad, pero infundiendo mayor peso en aquellas que resultan más emergentes y aportan mayor valor añadido, productividad y progreso técnico. Este último marco no sólo debe responder a actuaciones de política económica tradicional sino a la capacidad política e institucional para insuflar cultura empresarial a la sociedad civil en sus diferentes esferas de expresión. En particular, la fertilización emprendedora cala lentamente sobre dos colectivos de enorme importancia: el de la educación y el de las familias”.

 

 

 

 

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