Segundo año de la presidencia de Obama |
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| 18/01/10 11:37 |
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 Gran debate rompió ("broke", se desató) en Estados Unidos en las tres últimas semanas. No sólo sobre si las agencias de seguridad estadounidenses habÃan fallado en detectar al terrorista nigeriano, sino sobre el debate jurÃdico que permite dilucidar si en las sociedades democráticas debemos poner énfasis en la seguridad o en la protección de los derechos individuales y colectivos de la población. No es una polémica fácil de discernir. Los ciudadanos queremos todo (estar protegidos, al tiempo que nuestros derechos no son mancillados), mientras que los polÃticos tienen que elegir.  Obama, como ha demostrado en el último año, ha sido un pragmático, que por sus polÃticas en la materia ha recibido crÃticas desde la izquierda y desde la derecha. Los primeros le acusan de hacer polÃticas continuistas de la era Bush (de su segundo mandato, concretamente). Los segundos, de no ser suficientemente duro con los terroristas. Obama ha intentado recorrer un camino entre ambas opciones: a modo de ejemplo, por un lado, ha prohibido la tortura en los interrogatorios, y, por otro, ha ordenado más ataques con "drones", por control remoto, contra lÃderes de Al Qaeda y sus aliados talibanes en Pakistán, en un año, que Bush en sus dos mandatos. Imperio de la ley y ejercicio del poder del imperio. La moraleja es que ni unos ni otros (derecha e izquierda) están contentos con las polÃticas del Presidente, pero si los ciudadanos queremos "sentirnos" (que no es lo mismo que "estar") más seguros, habremos de pasar más controles en los aeropuertos, cuando queramos volar.  En materia legislativa, Obama ha demostrado ser capaz de llegar a acuerdos con Congreso y Senado para sacar adelante su agenda. Según un Estudio de Congressional Quarterly, Obama es el polÃtico más eficaz en este punto, desde Lyndon B. Johnson. En una escala porcentual de uno a 100, Obama consigue una calificación de 96,7% de eficacia legislativa; LBJ, quien en 1965 sacó adelante Medicaid y una muy importante legislación sobre los derechos civiles y tenÃa el récord de eficacia legislativa, habÃa obtenido un 93%. Obama se sitúa a la cabeza del ranking. Y, tanto si la población lo aprecia como si no se da ni cuenta, en una encuesta publicada por USA Today a mediados de enero de 2010, los norteamericanos consideran a Barack Obama como el hombre más admirado del mundo. Sólo George Bush, tras los atentados del 11S, y John F. Kennedy, habÃan conseguido la misma consideración en tal encuesta (que se elabora todos los años desde 1948, cuando era Presidente Truman) un año después de asumir la Presidencia.
El desempleo en Estados Unidos sigue siendo elevado: un 10% nominal, un 17,3% real (este dato tiene en cuenta no sólo a los parados que buscan empleo, sino a los empleados a tiempo parcial y a los parados de larga duración que ya no buscan empleo y han agotado el subsidio de desempleo). Esto aún genera un crisis de confianza que impide que los norteamericanos consuman: unos no pueden y otros prefieren ahorrar. La deuda de familias y empresas sigue siendo alta y habrán de pasar años hasta que unos y otros consigan enjugarla. Pero, al menos, la economÃa empieza a despegar y el Producto Interior Bruto experimenta ya crecimientos positivos. Se puede apreciar la luz -tenue- al final del túnel. Hay un plan claro para intentar ganar victorias militares en Irak y Afganistán, antes de que las tropas empiecen a retirarse de ambos paÃses, a mediados de 2011. Estrategia con similitudes a la desplegada por Nixon (otro Presidente pragmático) en Vietnam. Obama enviará más tropas a Afganistán, tal y como prometió en campaña electoral. Sin embargo, esto no impide al Presidente y a toda la Nación Americana ser generosos con HaitÃ, mediante el envÃo de los marines, ayuda humanitaria, comida y médicos. El mismo paÃs que fue incapaz de ayudar a los suyos, en agosto de 2005, cuando vivió el desastre del huracán Katrina en Nueva Orleans, porque tenÃa comprometidos los recursos en las dos guerras, ahora hace un esfuerzo supremo y, a pesar de las guerras y la grave crisis económica, se implica más que nadie para aliviar a sus vecinos de HaitÃ. Cada uno, si quiere, ayuda como lo que es. Y Estados Unidos sigue siendo la primera potencia de la tierra. Con el Presidente Obama, América aparece ante el mundo, mediante su potente ayuda a HaitÃ, no sólo como un gran imperio, sino también como un gran hermano que ayuda al desvalido. Grandeza de ánimo (magnanimidad), compasión, ayuda al necesitado. Valores necesarios en el mundo en que vivimos. Todo ello tiene mucho que ver con los valores cristianos del Presidente, para quien "la ayuda al otro, mediante acción y obras", es fundamental. Asà lo ha dejado por escrito en sus dos autobiografÃas y en multitud de discursos y apariciones públicas durante los años 2007, 2008 y 2009. Como Presidente, ahora, lleva su ideario a la actuación concreta de obras.
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